El té amarillo es una de las variedades más exclusivas y menos conocidas del mundo del té. Originario de China, se elabora a partir de las mismas hojas de la planta Camellia sinensis, pero con un proceso artesanal muy particular que le da su carácter suave, delicado y elegante.
Lo que lo hace especial es una etapa llamada “amarillamiento” o men huan: las hojas se envuelven y reposan lentamente después de la oxidación mínima. Este proceso reduce las notas herbales intensas del té verde y crea una infusión más redonda, sedosa y sutil.
En taza, el té amarillo suele tener:
- un sabor suave y aterciopelado,
- notas dulces, florales y ligeramente tostadas,
- baja astringencia,
- y un final limpio y delicado.
Es un té ideal para momentos de calma, lectura y pausa consciente. Más sutil que un té verde, pero igual de refinado, invita a disfrutar despacio y prestar atención a los pequeños detalles.
Una variedad rara y delicada.
