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En un mundo que avanza rápido, la ceremonia japonesa del té nos invita a detenernos. A respirar. A estar presentes. Preparar matcha no es solo hacer una bebida: es practicar un arte milenario donde cada movimiento tiene un sentido y cada silencio, un significado.
Este ritual, conocido como Chanoyu o Sadō (el camino del té), nace en Japón y se basa en cuatro principios esenciales: armonía, respeto, pureza y tranquilidad.
A continuación, te contamos cómo se vive esta experiencia paso a paso.
- Los utensillos esenciales :
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Cuenco (chawan) de cerámica color verde celadón con pequeñas motas oscuras. Tiene un pico vertedor y un diseño estriado en la parte exterior.
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Cuchara de bambú (chashaku) apoyada sobre el borde del cuenco, utilizada para dosificar el matcha.
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Soporte para batidor (chasen naoshi) también de cerámica verde moteada, que sirve para mantener la forma del batidor después de usarlo.
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Batidor de bambú (chasen) colocado dentro de un recipiente cilíndrico transparente para su protección.
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El ritual del matcha, paso a paso
1. Preparar el espacio
El lugar se ordena con sencillez. Nada sobra. Todo invita a la calma y a la contemplación.
2. Purificar los utensilios
El anfitrión limpia cuidadosamente el cuenco, la cuchara de bambú y el batidor frente a los invitados. No es solo higiene: es un gesto simbólico de respeto.
3. Calentar el cuenco
Se vierte agua caliente en el cuenco para templarlo y luego se descarta.
4. Servir el matcha
Con la cuchara de bambú se colocan una o dos medidas de matcha en polvo.
5. Añadir el agua
Se incorpora agua caliente (sin hervir, idealmente a 70–80 °C).
6. Batir con intención
Con el batidor de bambú se mezcla en movimientos suaves en forma de “M” o “W”, hasta lograr una espuma fina y sedosa.
7. Ofrecer el té
El cuenco se gira levemente y se entrega con ambas manos.
8. Beber con atención plena
El invitado agradece, gira el cuenco para no beber del frente decorado y toma el matcha en pequeños sorbos.
9. Contemplar el cuenco
Antes de devolverlo, se aprecia su forma, textura y belleza imperfecta.
10. Cerrar el encuentro
El anfitrión limpia nuevamente los utensilios y el ritual concluye, dejando una sensación de serenidad.
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Mucho más que té
La ceremonia del matcha no busca perfección, sino presencia. Es una pausa consciente. Un recordatorio de que incluso los gestos más simples —calentar agua, batir un té, compartir un cuenco— pueden convertirse en un acto profundo.
Practicarla, incluso en casa, es una forma delicada de volver al centro.
